viernes, 4 de febrero de 2011

AGREDEN A PERIODISTA DOMINICANO

RELATORÍA ESPECIAL PARA LA LIBERTAD DE EXPRESiÓN EXPRESA SU PREOCUPACIÓN
Washington D.C., 3 de febrero de 2010 — La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) manifiesta su preocupación ante el ataque sufrido por el periodista dominicano Francisco Frías Morel por parte de presuntos agentes policiales, el 28 de enero en la ciudad de Nagua, en República Dominicana.


De acuerdo con la información recibida, Frías Morel y un grupo de periodistas cubrían el funeral de un joven que habría fallecido en un enfrentamiento con la Policía, cuando agentes policiales dispararon perdigones y lanzaron bombas de gas lacrimógeno contra al cortejo fúnebre. Varios proyectiles hirieron al periodista en la cara y el abdomen. El comandante policial en Nagua, Coronel Juan Antonio Lora Castro, sostuvo que la acción policial no se dirigió contra los periodistas sino que pretendía dispersar a una multitud que calificó como “alborotada”.


Frías Morel dirige la radio Cabrera FM, escribe un blog de noticias, coproduce un programa de noticias en radio Trébol FM y es asesor de prensa de un senador local. Según lo informado a la Relatoría Especial, el periodista había cuestionado en diferentes medios la versión policial acerca de las circunstancias en las que murió el joven.


La Relatoría Especial insta a las autoridades del Estado a investigar el incidente con diligencia y prontitud, para identificar al agresor, imponer una sanción proporcionada y reparar los daños a la víctima, con el fin de hacer justicia e impedir que este tipo de hechos se repitan.


El noveno principio de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la CIDH establece que: “El asesinato, secuestro, intimidación, amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada”.

viernes, 21 de enero de 2011

HABLANDO DE FE








Didier Hernán Gil- Murrow 2009- Panamá.
Fotos: Aldo Montenegro

Desde que inicié mi catequesis de Primera Comunión me acerqué más a mi comunidad de fe, que hoy con mucho orgullo profeso. En mis abuelos vi ese ejemplo desde que tenía uso de razón, y luego de la desaparición física de mi padre, mi madre me incentivó a asistir a la iglesia.
Me gustó y le tomé mucho aprecio al escuchar la palabra de Dios y trabajar por las obras sociales de la iglesia, tanto que me fui comprometiendo cada vez más. Disfruté de participar del grupo juvenil de mi comunidad e hice mi curso de Confirmación donde aprendí y afiancé valores. Hasta llegue a coordinar el grupo juvenil y asumí otros compromisos dentro de la parroquia San Isidro Labrador de Capira.
Trabajé con sacerdotes y religiosas, de quienes aprendí y me empapé en el tema eclesial. Hoy, producto de aquella experiencia enriquecedora, todavía cargo con el apodo de “padre”. Y no me avergüenza, ya que se estableció un liderazgo y confianza dentro de una comunidad, que incluso me ha servido mucho en el ámbito profesional.
Qué alegría me da saber que todavía, mucho de los jóvenes con los que compartí experiencias buenas y malas, siguen participando dentro de la parroquia y se mantienen unidos trabajando por el prójimo. La mayoría está bajo el paraguas del grupo Mixtura RF2, donde con sus acciones de servicio continúan llevando el mensaje de Dios y trabajando por los más necesitados. Hace poco se metieron a la montaña de Capira a llevar regalos a niños y regresaron agotados, tanto de caminar como de montar caballo y quedar atrapados entre el lodo. Pero cumplieron su misión.
A veces me da la impresión que vivo en un país indiferente, pero con acciones como estas sé que aún puede germinar la semilla, que se siembra y se abona durante la niñez y la adolescencia. didier.gil@epasa.com

Soñar con la Biblia



Didier Hernán Gil- Murrow 2009-Panamá

Esta semana tuve un sueño que me ha dejado meditando. No recuerdo el lugar exacto, pero todo sucedió en un baño de varones. Sí, ese fue el escenario de esta experiencia.
Sucede que una persona en la empresa para la que laboraba llegaba a despedirse y confesaba que todo lo había perdido por culpa de una adicción. “Me despidieron porque tengo problemas con las drogas”. Los que allí estábamos nos miramos uno a los otros sin decir una palabra.
Aquel caballero apesadumbrado, siguió compartiendo su carga, y mirando hacia el piso decía: “En estos momentos necesito una Biblia, porque mi vida tendrá que cambiar”.
Esa noche me preguntaba de qué escribiré en esta columna y la respuesta llegó. Antes de caer rendido tuve varias ideas, pero me desperté de madrugada y me quedé pensando en esta idea. Lamento no recordar quién era ni quiénes eran el resto de los protagonistas. Cosas de los sueños.
Lo cierto es que meditando en la vivencia expuesta volví a reafirmar lo que ya anteriormente había concluido. En la mayoría de las casas hay una Biblia, siempre o casi de lujo. Tal vez llena de polvo y abierta en un salmo. Así somos y hay que reconocerlo.
¿Por qué en los momentos de dificultad es que nos acordamos de que hay una palabra de aliento para nosotros en ese libro sagrado? Cierto, nunca es tarde, pero no hay que estar hasta el cuello en problemas para recurrir a ella y saborearla.
Como dicen mis superiores en edad: “El hábito no hace al monje”. Puedes cargar una Biblia en tu mano, como un celular, pero si no le has cogido amor a su contenido, te la podrás leer toda, y seguirás siendo la misma persona con la misma mentalidad . Es una decisión personal.
didier.gil@epasa.com